lunes, octubre 05, 2009

Entre la lucha, el miedo, el amor y el grito...

Si por la unanimidad de la causa naciera un sólo grito, la perseverancia tendría mayores resultados.

Foto: Patricia Karenina
"El miedo muchas veces nos hizo correr. Hoy buscamos negociación"


Asistí a la convocatoria sobre la conmemoración del dos de octubre en el Distrito Federal. Cuarenta y un años después y muchos estudiantes de los años sesenta, aún integran el frente de la protesta conmemorativa. El coraje es herencia de los del Poli, de los bachilleres, de luchas de la actual injusticia mexicana, y de extranjeros y habitantes de otras regiones que nos conectamos a la causa.

Yo pertenezco a una generación donde las luchas siguen cargándose en la sangre pero no en la memoria. El movimiento estudiantil en México de 68 es parte de mi corazón, mi espíritu y mi recuerdo, como se lo dije a la Nacha al momento de tenerla frente a mí en aquella Plaza de Tlatelolco...

Foto: Patricia Karenina
"Si se permitiera la organización del pueblo, no seguiría esta forma del Poderrepresivo"

Me alojé en casa de un buen compañero: el Diego. Nuestro camino de insurgentes hacia Tlatelolco fue a pie y por Metrobús. Bajamos en la estación Manuel González donde minutos después caminaban por insurgentes, alumnos de El Poli del Casco de Santo Tomás. Unos ochenta estudiantes eran rodeados de cuatro camionetas, dos motos y algunos miembros de la policía oficial a pie. ¿Qué significa esto? Me pregunté. ¿Un cerco o una protección?

Foto: Patricia Karenina
"Una manifestación es pacífica sin policías"

Mientras capturaba luz desde mi cámara y conectaba miradas desde mi voz; me enteré que algunos grupos organizados se reunirían en la esquina de Relaciones exteriores. Los primeros en llegar ahí fueron los politécnicos de diversos puntos de la ciudad. La concentración de gente fue un interesante público cautivo para agitadores y vendedores.

Foto: Patricia Karenina


Pasamos el cruce de Lerdo e Insurgentes con los de El Casco. Mientras Raquel, una alumna del Poli me explicaba por qué es mejor estar en el centro del contingente y por qué sorpresivamente se pueden acercar porros a amedrentarnos. En eso, se escucharon gritos desde el lado izquierdo. Un par de piedras se levantaron por el cielo hacia nosotros. Chicos de 16 a 25 años gritaban y buscaban agredirnos, confrontarnos… inspirarnos la violencia. “esos son los que chingan la nación” gritábamos desde esta parte de la masa.

Minutos antes de este encuentro, algunas consignas señalaban el gusto por ser estudiante y la critica sin miramientos a los policías. “hay que estudiar, hay que estudiar; el que no estudia a policía va a llegar”, “estudiantes consciente, se une al contingente”, “policía consciente se da un tiro en la frente”.

Es curioso que dentro de estas ochenta y tantas mentes, el grito “ayúdanos policía” lo escuché mientras los porros amedrentaban con gritos y pedradas a los del poli. Tener una postura con los policías genera que se tomen aun más razones para señalar la falta de ideología sólida, pensé. ¿Para qué señalar una postura si todos buscamos una necesidad? La justicia no ve por unas formas de pensamiento, sino por los que aun creen que el ser humano es uno mismo y por lo tanto hay que ser entre todos. Policías, estudiantes, granaderos y familiares. Todos necesitamos conciencia.

Foto: Patricia Karenina
Raul Álvarez Garín


-¿Por qué están a las orillas?- le pregunté a un granadero que erguido junto a sus compañeros, formaban una valla frente a la plaza de los mariachis. A 300 metros otra del lado derecho, se levantaba por 40 sujetos más. El encuentro con granaderos era en cada cruce, en cada calle que no fuera la ruta que ellos “sugerían” con sus bayas. En la esquina de Madero e Insurgentes, sentí que la cantidad de personas concentradas aumentó. El flujo cotidiano del centro de México se topó con el grito de protesta.

La calle angosta, paseantes esporádicos, locales cerrados. Curiosos en segundos pisos se asomaban esporádicamente. En cada cruce con algún andador o calle, el grupo de granaderos nos observaba desde su “puesto”. Algunos más cerca del cruce de calles, otros más retirados. Los miré a los ojos. Algunos se cruzaban con mi intensión de grabármelos en la mente. Me miraban serios o buscaban algo más de reacción, tal vez una levantada de cejas o un movimiento brusco. De su parte me ofrecieron pocas sonrisas y algunas miradas desagradables para mi intimidad. La mayoría confrontaba a sus observadores con seriedad y fuerza en la mirada perdida.

Foto: Patricia Karenina

Hicimos un alto. Comité por defensa de la tierra fue el último en pasar desde insurgentes ya que diversas líneas de granaderos dividieron la manifestación desde la calle Madero. Gases lacrimógenos, detenidos por disturbios, grupos organizados divididos y el zócalo, a unas pocas cuadras. Los de Atenco y el Comité 68 proponían diversas acciones inmediatas: regresar por ellos, seguir y pedir un diálogo con el alcalde del gobierno del estado, Manuel Ebrard, seguir al zócalo mientras los grupos divididos entraban por otras calles.

Foto: Patricia Karenina
"Nuestro compañero no es delincuente, su único delito es ser consecuente"

Llegamos a la plancha del Zócalo alrededor de 5 mil personas. Dos camiones fueron el podio para los diversos oradores. El sol caía y la gente, seguía acercándose al asta bandera. Algunos alumnos de la UNAM traían un mono de papel maché de un metro que simbolizaba a Díaz Ordaz y a Calderón naciendo de su vientre. Lo tiraron al suelo y le prendieron fuego. Los gritos y cantos se levantaban como el humo hacia el cielo, y aceraban a más curiosos al círculo. Por el otro lado de la plancha, hacia el oeste, tocaban tambores, actuaban performance sobre la represión y contaban historias sobre los movimientos de la sociedad mexicana. También algunos grupos anarquistas vendían sus suplementos e informativos, mientras que vendedores de comida, discos y ropa seguían empeñados en estar presentes entre los manifestantes.

Foto: Patricia Karenina

El sábado, me asomé a diversos medios impresos. Milenio, Público, La Voz de México, Mural, La Prensa, El Universal, La Jornada, El Informador, El Occidental, El Día; y todos señalaron en sus titulares la violencia como el elemento que mas caracterizó a la protesta. ¿Por qué? ¿Qué se ganan con solo señalar esto? ¿Por qué la gran casualidad de la línea para la cobertura en todos los periódicos? O peor aun ¿por qué la costumbre de ver la nota en la violencia generada por provocadores y policías? El único elemento distinto en todas estas notas fue en La jornada donde pretendió de manera más nacional, describir las acciones en todo el país. Eso fue todo.

Estudiantes en el 68 como Raúl Álvarez Garín y La Nacha; víctimas de la impunidad actual como la madre de Ramsés Villareal, alumno detenido injustamente; fueron algunos oradores en el mitin de esta Marcha unitaria. El Comité 68, del Cerezo, por la defensa de la tierra, sección XXII de la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación en Oaxaca, Movimiento de la Emancipación de la mujer (MEM), Proyecto Anarquista Metropolitano, entre otros; eran los contingentes de la protesta. Para mí la nota es que la propuesta de estos contingentes aún sigue siendo opacada por la gran provocación y criminalización de la protesta. ¿Alguien sabe que buscan, cómo lo han hecho y por qué siguen empeñados en insolarse y acabarse la voz cada dos de octubre?

Foto: Patricia Karenina

Al caer el sol, la plaza con la mayor pasión reunida en cientos de años; comenzó a desalojarse. Con uniformes destellantes, la escoba y su carrito de limpieza, decenas de personas esperaban sentadas a que las personas se fueran y la basura apareciera. Mientras las ambulancias se retiraban, los policías se agrupaban en sus camiones, camionetas y vans. La relación entre los diversos mexicanos terminó con un saldo de entre 20 y 27 detenidos y miles de corazones cansados por cada paso de aquella tarde.

Foto: Patricia Karenina

Desde los 15 años, el movimiento estudiantil del 68 se clavó en mi pecho. Las crónicas, entrevistas, ediciones especiales impresas, charlas testimoniales, documentales, visitas esporádicas de lugares clave; me incitaron a banderear mi lucha diaria con su grito, un palpitar de pura energía joven. Aquella que vive por lo que cree y actúa cómo siente. Que en su corazón aun hay esperanza de cambio y que con ella y un toque de verdadera intensión; todo es realizable…

Seguimos…

Foto: Patricia Karenina

"Cuando el poder del amor sobrepase el amor al poder, el mundo conocerá la paz"
-Jimy Hendrix-

lunes, septiembre 21, 2009

Mantis y libélulas en el Congreso

El Segundo Congreso fue una experiencia digna de describirse en este espacio. Para que se queden con más ganas de leer les publico mientras, la ponencia que tuve dentro del Congreso, en la mesa "Las chicas en bici" donde también estuvieron las colegas y amigas Heleana Zambonino de Quito, Perú; Mariana Sánchez del DF y Emily Ramsey de Los Ángeles. Tuvimos una fabulosa moderadora: Candelaria Ochoa.

Como la introducción sobre lo que para mi fue el Congreso; les doy la bienvenida
con lo que encontrabas en la entrada de la sede principal, Erika y su linda sonrisa.
Foto: Karenina

Aquí va...

Después de pasear por la ciudad en bici, te das cuenta del reto. Inicia en el equilibrio al pedalear, después, en los múltiples accesorios para transportar carga, en la relación de alerta con el peatón, el auto y otras sorpresas; y en la múltiple y cotidiana discriminación a este vehículo, en una ciudad donde el rey es motorizado.

Se suma el problema de bicis desaparecidas y heridas; y para las ciclistas féminas una mayor molestia: el acoso. Esa agresión verbal o física no bienvenida, que sufrimos mientras utilizamos espacios públicos.

¿Por qué sucede? …porque se puede…

Porque algunos creen que es parte de nuestra cultura, porque es una de las formas más instintivas de desahogo de frustraciones, porque entre amigos puede ser gracioso… Porque se puede.

Como mujer, asistir a los paseos nocturnos me provoca una multiplicidad de sensaciones. Saber que no habrá camioneros pitándote, gritos grotescos cerca de tu oído, o peatones que rozan alguna parte de tu cuerpo mientras pasas; es un alivio. Pero también te encuentras con “aquellos” en bici, que molestan a chicas que pasan por la banqueta, gritan agrediendo a los que disfrutan cenitas o bebidas al aire libre, o a los que simplemente observan impresionados el convoy de cientos de bicis.

El paseo nocturno ciclista ah comenzado a cargar una niebla de rumores. Que “la mayoría” violenta todo lo que se encuentra a su paso, que son los de una hora, o los de la otra; que los que antes saludaban al convoy, ahora se esconden de las mentadas de madre. Que existimos muchísimos más molestos porque estos flujos de la sociedad en movimiento, ahora están provocando malestar, en vez del manifiesto por mejores espacios públicos; razón por la que algunos seguimos asistiendo. Por cierto ¿Quién reconoce que estos paseos representan el grito de la sociedad organizada? O al menos ¿alguna vez se ha sentido?
La comunicación y sus formas; es uno de los retos.

Me gusta ir a los paseos por la realidad que construimos entre todos. Por la emoción de ver padres con sus hijos e hijas pedaleando, por los amigos que se reúnen, por la creatividad de disfrazar la bicicleta en los paseos temáticos, por la emoción de reunir más de miles en un evento organizado por y para ciudadanos, por creer que una sociedad reunida y organizada realmente genera un cambio.

… ¿Te gusta gritarle a la banda? ¿Te late desahogar esta emoción al pedalear? – le pregunté a un agresor después de su grito calificando a un hombre de gordo mientras que disfrutaba unos tacos. -A mí también me gusta gritar, desahogarme –le exclamé- Aaaahhh… heeeeey!!! Súmate!!! Vente a pedalear!!!! ¿no es mejor gritar eso?... pero para el cuestionado no fue así. Con una alegría pérdida en buscar otra víctima me dice –me gusta que me respondan cuando se enchilan. Es divertido-

¿Qué hacer ante esta sensación de derrota temporal?

Mercedes Sosa canta ¿Quién dice que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón. Mucha gente, familias, mujeres, grupo de amigos se suman a estos paseos nocturnos con diversas razones. Por salir a divertirse, tener la oportunidad de pedalear por las calles de la ciudad, sentirse libre de oler la noche y sus naranjos, de reconocerse como parte de una sociedad “en movimiento”.

No hay trabajos especiales para mujeres o para hombres, pero si hay tareas que cada uno realiza mejor que el sexo opuesto. Lo cuenta la historia y se confirma en mis vivencias. El hombre comenzó la caza, la mujer la siembra; el hombre protagonizó las guerras, las mujeres la sanación; el hombre motiva a la procreación y la mujer a la formación. Ojo que no generalizo, sino que sólo observo lo que el ser humano le ha costado menos hacer. La fila de 200 a 4 mil ciclistas causa una serie de reacciones, tanto de quienes se topan de frente con él, como de los asistentes, que ya he descrito.

Algunos de los que se encuentran con el convoy pueden cargar la curiosidad en diversas preguntas ¿Cómo se convocan? ¿Puedo participar? ¿A dónde van y de dónde vienen? Lo más complicado es cuando te encuentras con aquél que sólo le importa su trayecto y la “falta” al libre tránsito, que lo hace sentirse agredido. ¿Qué hacer ante estas dos percepciones? Dejarlas pasar sería no incluir a toda la sociedad en esta exigencia por mejores espacios.

Pedaleo por las orillas del paseo y veo cómo dos chicos han parado un camión que vocifera con su máquina de metal. Me bajo de la bici y me acerco al conductor. Buenas noches, le regalo un boletín ciclista mientras nos espera unos minutos porque esta masa frente a usted está exigiendo más espacios para la bicicleta. Lo invitamos a que se nos una cada mes o cada semana en…
Algunos agradecen la información y otros sólo molestos no vuelven a pitar a los cientos que cruzan. La minoría explota en gritos y molestias.

La costumbre de hacer esto cada paseo mensual es una tarea que percibo, se le facilita a la mujer, pero requiere hacer equipo con el hombre. Imaginemos… Los hombres actúan como una mantis religiosa. Se paran frente al automotor en silencio y decididos en no dividir el colectivo de bicis se esperan ahí hasta que venga otro a relevarlo. En ese momento llegan las chicas libélulas que con chispazos de información dejan más tranquilos a los conductores y sus acompañantes. Mientras tanto, los peatones que no saben qué sucede, se encuentran con más que traen este chispazo y revoloteo de información. Les regalan boletines ciclistas, volantes de convivencia vial, calcas y sonrisas. Los invitan a utilizar la bici con precaución, atención y diversión, mientras las mantis recorren entre atajos las calles para llegar de nuevo al inicio de la masa ciclista e identificar los cruceros peligrosos.


Se perciben gritos de alegría, de júbilo, trompetas, cencerros y silbatos. Todo inspira a la inclusión, a la manifestación con mensaje, al aumento de ciclistas por la ciudad.
De pronto regreso… los gritos se convierten en empujones, en sonidos de claxon, en barullo desordenado. Por ahí dos sujetos –hombres por casualidad- comienzan a empujarse.
Otro día, otra ocasión, el mismo evento convocado –paseo ciclista sea el día de la semana que sea- se escuchan gritos dirigidos –borrachos, gordos, huevones… preciosa, mamacita, beso, beso… lesbianas-…


Mantis y libélulas es un proyecto aun gestándose en algunas mentes ciclistas que estamos preocupados porque esta energía afecte lo que nació como una noble causa: exigir entre todos espacios públicos de manera lúdica en nuestras calles. ¿Por qué se genera la violencia?... porque se puede… pero ya no queremos

Por ello dentro de esta mesa de género, donde podemos escuchar alternativas con un toque concentrado de esperanza, quiero invitar a aquellas libélulas que les guste entregar mensajes de inclusión y tranquilidad; se unan al proyecto. Y para aquellos hombres con energía de mantis que confronta automotores sin entrar en violencia, son los más necesarios para amortiguar lo que ha enfermado al paseo: el abuso, el malestar y la violencia.

Hay muchas voces que han criticado estos problemas en los paseos, pero muy pocos han accionado alternativas de solución. Esta charla es una invitación a involucrarnos en buscar soluciones como esta propuesta donde yo me personificado como libélula, en los últimos paseos ciclistas del mes.

¿Quién se suma a este pedaleo?

escríbeme a pkarenina@gdlenbici.org

miércoles, septiembre 16, 2009

Congreso Nacionbal de Ciclismo Urbano en Guadalajara

Estamos listos y a la vez faltan cosas... trabajamos para divertirnos y a la vez para aprender-nos...

Un congreso en manos de muchos y en pasiones de aun más... Por ahi nos vemos...



Checa el programa en la Pagina Oficial

miércoles, septiembre 02, 2009

Boletín no. 9 del MAELA

Mientras se cuece la otra parte del viaje que -ya hace un mes- experimenté; les comparto el boletín del Movimeinto Agroecológico de América Latina y el Caribe [MAELA].


Les paso la editorial de este número por si se animan a consultarlo:

Entre jóvenes y abuelos; indígenas, estudiantes, investigadores y campesinos; por las dunas, selvas y concreto; por muchos corazones y más aspiraciones, se siembra la alternativa. Este número carga lo que dos meses en nuestro Continente –y en otros horizontes hermanos- cosechan con las herramientas ancestrales, ecológicas y solidarias.

Aunque la mala hierba siga complicando el trabajo, con empresas de explotación, de transgénicos y de pobreza; el empeño de millones de manos a la tierra, por ella y para ella; mantienen las cosechas de logros, aunque exista mal tiempo en el futuro inmediato.

En este número, compartimos los campos de trabajo en El Salvador, Costa Rica, México, Brasil, así como los manifiestos de compañeros en Guatemala, Chile, Honduras y los movimientos en India y España.

El trabajo es duro, y como el sol nos hace sudar y también nos da vida, la vida seguirá con esos contrastes. Sigamos compartiendo estas y otras experiencias a quienes aun no recuerdan de donde viene el ser humano. Sigamos en la transformación de aquellas formas de vida que sólo dan muerte.

miércoles, agosto 12, 2009

Bici fantasma para Álvaro

El poste se encuentra en el cruce de Calle lluvia y Avenida Mariano Otero
Foto: Patricia Karenina

Nos reunimos entre 80 ciudadanos y diez periodistas frente a la bici fantasma. El recuerdo que Álvaro dejó en el cruce de Calle Lluvia y Avenida Mariano Otero no fue solo dolor, sino reflexión y protesta desde una parte de la sociedad. Ciclistas, trabajadores, peatones y automovilistas se acercaron a reconocer el nombre de Álvaro Octavio Calzada Cárdenas, joven de 20 años que murió atropellado en su bicicleta, hace una semana.

Foto: Patricia Karenina

La convocatoria fue iniciada por la organización Ciudad para Todos y se sumaron GDL en Bici y Bici 10. El objetivo como en otras partes del mundo, fue ubicar una bici pintada de blanco en el lugar donde cayó –y calló- un ciclista.

Chayo e Irma, tías de Álvaro se acercaron con sus hijas Isabel y Fabiola, al lugar. Los padres de Álvaro seguían solucionando papeleos en el ministerio público, razón por la cual no acudieron. Con el recuerdo de su sobrino y primo; hicimos énfasis en la denuncia a la sociedad por no darle importancia al derecho de vía a vehículos sin motor. Necesitamos más ciclo vías, más educación, más conciencia de que la bici también es prioridad en las calles.

Foto: Patricia Karenina

Al final, nos unimos en un aplauso para Álvaro, por inspirar a seres queridos en su lindo recuerdo y a ciudadanos por defender un gusto urbano que este joven tenía: la bicicleta.

¡Por un vehículo libre de motor, y libre de peligro!

Foto: Patricia Karenina

martes, agosto 11, 2009

Viaje Catehua. Parte III

Foto: Patricia Karenina

Si para tu viaje no tienes mucho tiempo, dinero, ni auto; y quieres reconocer un lugar al cual sabes que regresarás: utiliza un tour. Para conocer en un día Las grutas, la cascada El Chiflón y los lagos de Montebello, salí a las 9 de la mañana y regresé 12 horas después, junto con otras 23 personas. El tiempo es el mínimo necesario para que un humano con la mayoría de sus capacidades sicomotrices, conozca el área.

El primer asiento del autobús tenía vista de frente y de lado. Era para un solo pasajero y por supuesto, que lo observé -y defendí- como mi lugar durante todo el recorrido. Bajamos por media hora a las grutas de Rancho Nuevo. Niños de entre 6 y 10 años eran los guías para encontrar decenas de figuras que su memoria y la imaginación reconocían. Por una cooperación grupal, señalaban con la linterna pedazos de roca que pueden parecer el Arco del triunfo, la cara de Simba el león y el ala de un ángel escondido. Con el tono de un alumno aburrido que saluda a la maestra en clases gritaban los guías: -aquí hay figuras. La-forma-de… un-candelabro-sin-velaaaas. Sin velas porque ya se las robaron- y su público encantado por su gracia y seriedad en su trabajo, aplaudían a cada jocosa frase.

Sobre la gruta, ni su extensión de 28 kilómetros de los que recorreríamos 450 metros, ni su altura de 550, tampoco la existencia de estalactita y estalagmitas ni mucho menos desde cuándo es parque nacional; fueron parte de la información que los guías proporcionaban. Curiosa por las caras de los visitantes, me interesé más en sus reacciones que en la oscura gruta, húmeda y silenciosa.

Foto: Patricia Karenina

El camino al Chiflón fue mucho más largo. Percibí que los campos de maíz estaban más crecidos que los de Veracruz. La lluvia y humedad constante posiblemente ayudan al desarrollo del maizal pero también inspira a una mayor deforestación. La montaña se ve rapada, con verdes semejantes a valle, más que a sierra.

-si quieres una foto, ahí se va a ver la cascada- me dijo Hirgilio, el conductor. Observé de frente la montaña y se vio una forma amorfa color blanco. Enfoqué la vista y vi lentamente como el agua se movía con fuerza en ese espacio blanco. Tuvimos hora y media para subir, conocer la cascada y dirigirnos al autobús. Mientras subía escalones de asfalto, el agua revuelta por la lluvia, bajaba con cierta fuerza. Las ganas de nadar en la corriente se guardaron para la siguiente visita. Una visita mucho más tranquila.

Foto: Patricia Karenina

El ascendente camino terminó frente a los más de 80 metros de caída del Chiflón. La brisa era constante, las fotos de los paseantes igual. Del otro lado del río, vi un mirador frente a la cascada. Quería bajar, conocerlo. –¿Cómo puedo llegar allá?- pregunté a un señor que vendía refrescos. –por la tirolesa, pero tienes que regresar a este lado porque la salida del otro camino es distinta- por mí, no había problema caminar, pero el señor insistió que estaba lejos y más si venía en tour, necesitaría más tiempo. -¿Y por qué son entradas distintas?-. Según lo que me platicó, es porque hay una cooperativa por camino y sólo el alambre de la tirolesa, las une. La causa de la separación la desconocí porque no quiso entrar en detalles y yo ya quería aventarme al otro lado.

Foto: Patricia Karenina

Dos chicas antes que yo se arrepintieron de tirarse, y el operador me calificó como suertuda por lo mismo. Pagué la tirolesa de ida y regreso. Mis pies volaron sobre un arcoíris, las piedras y uno que otro árbol. Los fantásticos segundos de libertad me dieron la oportunidad de bajar al otro lado y subir al miradorcito. La fuerza de la brisa que choca con la piedra al caer, empapa con solo un minuto al estar frente a ella. Subí, sentí y regresé sin demorarme por dos razones: mi carga electrónica anti-agua y la espera del equipo por parte del a cooperativa. Más que “la fuerza de Dios” como expresó un señor en el lugar, para mí esta fuerza mezclada entre viento y agua, es la magnitud de la naturaleza que en cualquier momento lograría silenciar a quienes la hemos lastimado. Sigue rugiendo sin castigar.

Foto: Patricia Karenina

Llegamos puntuales al autobús. La lluvia nos recibió en las Lagunas de Montebello. Conocimos siete de las 54 que existen. En el camino, frenamos para que Wilmar subiera, un niño de 11 años nacido en al lado de la laguna Tziscao con frontera a Guatemala, que nos explicaría sobre Montebello. La lluvia, el hambre y el interés de exploración dividieron al grupo por unos minutos. Subí con mi impermeable al mirador de los 5 lagos. Respiré lluvia y fui a comer quesadillas de calabaza. Eran las seis de la tarde y el regreso a San Cristóbal comenzó. Llegué por la noche a festejar el cumpleaños de Poli, con un buen vino en “La Revolución” bar del andador 20 de noviembre.

Al siguiente día organicé mi ida a Puerto Arista y Boca del cielo. Tomaría un autobús a Tonalá y de ahí el colectivo a las playas chiapanecas. Pronosticaban muchísimo calor.

lunes, agosto 10, 2009

Viaje Catehua. Parte II

Me mantuve en Catemaco por un día. Levanté mi casa de campaña en “La Jungla”, hospedaje mantenido por Toño, su hija Ceci y el esposo de ella, Remi. Dejé mi mochila, tomé la cámara, salude al árbol que daba sombra a mi casa y caminé el kilómetro y medio a la parada del transporte rural en la carretera. Caminar me regaló un par de encuentros con aves de cantos muy particulares y hasta creí escuchar un mono aullador. Cientos de hormigas conquistaron parte del camino y tuve que correr para no ser picada por alguna.

Laguna de Catemaco
Foto: Patricia Karenina

Subí al colectivo. –Ya tan rápido regresaste- me preguntó un señor con sombrero de paja y ojos pispiretos, que me había dicho adiós en el primer rural que tomé hacia el camping. La charla duró lo que nos conocíamos; nada, y el espacio fue tomado por dos señores con el tema de la poca lluvia y la lenta cosecha.

Los transportes rurales reúnen a pobladores y paseantes en un mismo diálogo: las noticias del lugar. Si hay más de seis personas, la relación se vuelve distante y sólo se escucha el ruido de las conversaciones múltiples. Pero si hay menos personas, el desconocido debe responder una serie de preguntas de los curiosos habitantes, o todos escuchan sobre lo bueno que es el negocio de los camarones y su pulpa. Se siente el camino y se es parte del camino. En mi recorrido por tres estados de México, vi que estas camionetas Van rurales que brindan movilidad en la zona; son parte de la cotidianidad desde hace unos años. Rojas, verdes, azules o blancas; piratas, rúales o colectivos; cada estado y municipio brinda el servicio por uno y hasta 20 pesos, según la distancia y por supuesto, la persona. El güero y turista siempre paga más…

*

Un miembro de la Sociedad Cooperativa de lanchas al servicio del turismo, me entregó el boleto para subir a “Brujilda” con capacidad de doce personas, que cargo a quince. La charla de una familia de Ciudad Neza se imponía al ruido de los truenos en el cielo, acercándose a la laguna. Mientras esperábamos a que el motor de la lancha volviera a funcionar, después de una serie de apagones; me rasqué el pensamiento. Recordé las “limpias” que a 200 pesos por 5 minutos, ofrecían en la Reserva Ecológica que acabábamos de visitar.

Círculo para temazcal
Foto: Patricia Karenina


También temazcales y baños de barro eran costosos y atrayentes. La mayoría de los paseantes querían saber qué famoso o qué película había existido en aquel lugar. Ver las fotos, les recordaba su novela favorita, su galán perfecto. Saber porqué la limpieza del cuerpo, la magia negra y blanca es parte de la preservación ancestral de los habitantes; no fue informado y menos preguntado. La gente entraba, los guias explicaban, el barro en la cara, el agua mineral y el an casero. Sigamos el camino. ¡Next!...

El oleaje era lento, como el tiempo de espera de los 15 pasajeros en La Brujilda descompuesta. El motor por fin decidió no funcionar, -ja- así que otro lanchero se acercó y amarró nuestro móvil al suyo. El olor a gasolina quemada fue constante hasta regresar al puertito en “servicio del turismo”.

Jalando a La Brujilda
Foto: Patricia Karenina


Contemplé la tarde, desde la zona de camping, coloreada de rosas y morados entre las nubes de agua. El lugar rodeado por árboles y bambús, tiene dos tobogancitos, una fosa-alberca de aguas minerales, columpios y una palapa para la charla. Comidas, regaderas, jardín, laguna, árbol de mango, de tamarindo. Una delicia para mis sensaciones, pero también una tortura. El consumo de mi sangre por mosquitos necesitados lo cargué desde esa noche y hasta ahora.

Antes del amanecer, el cielo tronó varias veces. Escuché el inicio y el desarrollo de la lluvia entre sueños y despertadas. Cubrí mi mochila con un plástico y me volví a acostar, cerré los ojos y sentí la mañana húmeda. Con la ligera chispeadita del medio día guardé la casa y mi ropa mojada para continuar con el trayecto del día. Me encajoné en mis pensamientos de viaje, hasta que llegó Sergio. -¿no quieres comer algo? Me dijo mi tía que vienes sola y como mi hermano también le gusta viajar, sabemos qué valor tiene desayunar bien- expresó. Por supuesto que tiré mis cosas en el pasto y me acerqué a la familia Carrillo. Nos intercambiamos experiencias de viaje y comí quesadilla con café de olla. La dichosa tía, supo de mi existencia en un encuentro que tuvimos en las regaderas cuando mientras me vestía, ella me platicaba del mal de altura que a algunos paseantes les dio en Pico de Orizaba. –y sabrás que son jóvenes, no mayores- me dijo exaltada. Los trece miembros de la familia viajera (entre hermanos, primos, sobrinos y pareja) provenían de León, Guanajuato. Su pasada visita fue Zongolica y se dirigían a puerto.

Laguna de Catemaco
Foto: Patricia Karenina


El viaje continuó con la despedida y el camino hacia Chiapas.

Salí a la carretera para esperar el colectivo. A mi lado, salió un auto con un trabajador de la Reserva Nanciyaga. Le hice un poco de señas y frenó. Me dio aventón a Catemaco y de ahí, caminé hacia la central de segunda clase con rumbo a Acayucan. En el camino se subieron miembros del Ejército nacional y agentes del Instituto Nacional de Migración a observarnos e interrogarnos. De manera brusca y seria; me preguntaron que de donde venía y sentí como con mi pinta de “güera” me olían como extranjera. Mi tono marcado de mexicana confundida, les confirmó que no había problema alguno, o al menos no lo que buscaban. En Covarrubias, subieron vendedores ambulantes de camote, papas y plátano frito; lonches, refrescos y mangos. Lázaro, un joven de 23 años como buen vendedor me convenció de probar los camotes. Dejé la mitad de la bolsita.

De Acayucan fui a Tuxtla y de esta gran ciudad, hacia San Cristóbal de las casas. Pisé la central a las 11 de la noche y el frío de montaña se coló entre el cuero de mis huaraches. Sentí el olor y percibí la noche, que en diciembre pasado conocí del lugar. Esta vez, volví con la interioridad de mi auto compañía en un frío no tan intenso como hace seis meses. Dos compañeros de la Universidad me alojaron en su hogar por 4 noches. Su objetivo de estancia fue realizar un proyecto de aplicación profesional universitaria. Tres meses de trabajo y un par de semanas hacia Guatemala es parte de su destino actual.

Sierra de Chiapas
Foto: Patricia Karenina


Por la mañana, fuimos a llenar el estomago, con tamal de chipilín, café de olla, uvas y pan dulce; en el mercado. Tomamos un taxi hacia Acteal para conocer la Unión de productores Maya Vinic y sus alrededores con Gori, alumno de ingeniería industrial y amigo de Poli. Desde la madrugada en la comunidad, se emitió el rezo por el cambio de administración, que se realizaría en un par de días. Las velas prendidas, los niños curiosos con sus madres y una reunión de asociados fueron parte de las actividades en la zona.

Rezos en Maya Vinic
Foto: Patricia Karenina

Pasamos a Pantelhó por una llanta para la “diez toneladas” que manejan en el maya Vinic; y bajamos en Acteal por un suspiro para el camino de regreso. El silencio desde la columna de la infamia hecha después de la matanza en 1997; lo recordé en cada paso de mi visita. Observamos las cruces, las banderas, los murales, los ojos indígenas de niños que desconocían nuestra presencia. Sonrían, se escondían. Usé un ojo para ver aquel pedacito de tierra donde murió el rezo de varias familias con la pólvora de la impunidad. Escuché el recuerdo y el viento me acarició la espalda.

Columna de la infamia en Acteal, Chiapas.
Foto: Patricia Karenina

Caminamos por la carretera. Unos niños escondidos a lo alto del cerro nos comenzaron a llamar, gritar y hacer sonidos extraños. Mantuvimos una conversación entre risas y sonidos, durante algunos pasos. Entre la vegetación se escuchaban sus voces y se veían sus manos saludándonos. Seguimos bajando hasta que un taxi pasó por ahí.

Sancris nos vio de regreso por la tarde. La lluvia mojó las calles y el café calentó mis labios. Mi descanso duró lo que la noche, para lograr amanecer temprano. Durante ese día toqué la brisa de una cascada, memoricé el eco de las grutas y tomé el agua del cielo en Montebello.

Viaje Catehua. Parte I

Un pretexto perfecto para experimentar la incertidumbre del camino; son las vacaciones.
Mochila en la espalda, un camino identificado más no definido; la cámara, libreta y el silencio de mi sola presencia; me acompañaron.

Foto: Patricia Karenina

El trayecto fue el siguiente: inicié en el puerto de Veracruz. De ahí, salí hacia Catemaco y me quedé en la playa de Montepío dos noches. Después regresé a Catemaco por una noche para reconocer el lugar. Salí al día siguiente hacia Acayucan con la finalidad de subir a un bus que fuera a Tuxtla Gutiérrez. Bajé en esta ciudad grande y calurosa, e inmediatamente tomé el nocturno a San Cristóbal de las Casas. 4 noches para conocer los alrededores no fueron suficientes, pero si disfrutadas en su totalidad. A la mañana siguiente, salí hacia Boca del Cielo; una playita chiapaneca que simula el paraíso. Dormí en aquel silencioso lugar y pasé la otra noche en Puerto Arista, a 15 kilómetros de ahí. Por la madrugada, salió el autobús hacia Pochutla, Oaxaca. Llegué a Mazunte al medio día, y de ahí… la mirada aterrizó. El eterno retorno de la vida que he escogido, me solicitó estar en Guadalajara. Con emoción del viaje, ideas de mis próximas huellas y retos clavados en la resistencia; he regresado.

Aquí un poco de lo que disfruté y conocí por la voces del camino.

Desembocadura Río Máquina. Montepío, Veracruz.
Foto: Patricia Karenina

Llegué a puerto. El horario del pasaje me ayudó a decidir si me esperaba en la central o ir por mi lechero a “La Parroquia”. El autobús salió 40 minutos después que lo compré así que el cafecito esperó.

En el autobús a Catemaco, me senté junto a María Fernanda, una señora de unos cuarenta y tantos años que me explicaba por donde pasábamos. Nacida en San Andrés Tuxtla y aventurera de corazón, me contó cómo ha disfrutado su tierra, cómo la identifica, cómo la siente. ¿Has sentido cuando el mar esta triste? Preguntó. Yo recordé su furia, o cuando juguetea o está apasionado, pero no triste. Hablamos y nos intercambiamos sensaciones con la naturaleza. Pasamos llanos de albatros y un poco de los Tuxtlas. Su pueblo –antes que mi destino- estaba de fiesta y me invitó a quedarme, pero mi destino ya estaba señalado. Con su sincero y dulce rostro me deseó buena suerte y se despidió. Le encontré un cierto parecido a la sonrisa y los ojos de mi abuela.

En los tuxtlas la selva se hizo presente. De pinos cimarrones extrañamente identificados en las llanuras de temperaturas altas, entramos a flora húmeda. Uno se vuelve parte de ella, con el sudor y las ganas de estar igual de desnuda que la naturaleza. Disfruté el camino con 45 kilómetros más que María y llegué frente a la laguna. La tarde comenzaba a caer y tenía ganas de acampar o quedarme en las orillas del agua. ¿Alguna playita para acampar? Pregunté a los vendedores ambulantes. –a dos cuadras encuentra las piratas y te llevan-. Perfecto, pensé. Las piratas rojas, claro…

A dos cuadras volví a preguntar y me señalaron unas camionetitas Van con lonas rojas. –la pirata la lleva-. Me aseguró una lugareña. Subí y disfruté rodear todo el lago por una estrecha carretera. Sentí que el tiempo en la Van se alargó más de lo esperado y pregunté a una pasajera por algún lugar de hospedarse. Me inquietó con su respuesta de nula existencia, pero después, el conductor me prometió llevarme al mejor lugar. Pasamos varios poblados, entre ellos Sontecomapan y Zapotalito.

Río Col. Camino a las cascadas Las gemelas
Foto: Patricia Karenina

Llegué a Montepío. Me presentaron a Don Santo, dueño de la primera palapa restaurantera de la playita. Su localito mitad palma, mitad lámina era iluminada por el atardecer. Llegué frente al mar cuando el sol tocaba el monte en el horizonte. –Estás en buenas manos- me dijo el chofer de la pirata e inmediatamente salió de regreso. El trabajo de Don Santo fue el que me alojó por dos noches en aquella linda playa. Un cuartito con su baño y una cama con colchón era justo lo necesario. Me explicó el seguro de la puerta de entrada, me presentó a los perros; las noches solitarias en las calles y su familia y sus actúales retos. –ya casi termino estos tres cuartitos-. Señaló una obra negra como de 16 metros de largo. –sólo me falta la corriente e luz y el agua-. En su caminar muestra cansancio y dificultad pero no dejar de hacerlo con fuerza y dedicación. Me contó de su experiencia en el ejército por seis años, de su familia que ahora sólo vive con su hija Concepción de 23 años, otra de 35 que es enfermera y su sobrino Gabriel de 17, quien más le ayuda en el trabajo diario. Actualmente su mujer vive en Santiago de Tuxtla, debido a su diabetes. Don Santo tiene 62 años.

Por la mañana me dirigí hacia Laguna Escondida. Del pirata, me bajé y caminé 2 kilómetros hasta encontrarla. Antes del centro de biología de la UNAM, vi un sendero monte arriba que luego baja hasta un río, la laguna; y su silencio. Contemplé, disfruté y regresé. –¿vienes sola?-. Me preguntó una mujer desde una abarrotería. A mi afirmación, me advirtió que en la zona había maleantes. Lo bueno, es que no estaba interesada en encontrármelos.

Las Gemelas, Montepío. Veracruz
Foto: Patricia Karenina

Por la tarde regresé a Montepío y caminé hacia unas cascaditas llamadas Las gemelas. Con el agua fría y una altura de 4 metros, caí a refrescar mi cuerpo cansado de caminar al medio día. El calor influía continuamente en las gotas de sudor que caían en mi andar. Permanecer en el agua helada del río fue una entera satisfacción y hasta n jugueteo de clavados con unos paisanos de Cosamaloapan. Regresé al restaurante de Don Santos por la playa. Su superficie inclinada y con arena porosa aumentó el esfuerzo al caminar, pero la felicidad de “estar” ahí, me generaba más fuerza.

Por las noches, la marea aumenta y provoca el desprendimiento del lirio en cualquiera de los dos ríos en Montepío. El oleaje del turismo -principalmente familiar- olvida kilos de basura en las playas y mesas de los locatarios. El viento y el olvido turístico regalan a la playa más que lirio en la arena. Al caer la oscuridad, en diversos terrenos queman plásticos y todo deshecho que no se puede acumular por mucho tiempo, ya que el camión recolector sólo pasa cada semana. Una costumbre de útil solución pero de trágica reacción al medio ambiente. Lo que los habitantes se preguntan es ¿qué hacer si el turismo ingresa diariamente y la recolección no?

Río Máquina y los restos del oleaje
Foto: Patricia Karenina

En la comida y el desayuno, Santo se acercó a platicar conmigo. Recordó cuando hace dos años, el huracán Stand desbarató todo el restaurante y varias construcciones más por la costa. Antes unas lindas maderas soportaban el lugar, ahora sólo alcanzó para unas láminas. –entró a las dos de la mañana- platicaba Santo. –la velocidad de 130 pego fuerte. No le tememos al agua, sino al viento-. Describió cuando trató de recoger maderas que estaban en el agua mientras llovía, y una gran ola le pegó de lado. Ni la vio. –Dios todavía no me necesitaba- me aseguró al contar como había salido de ahí.

¿Y cuando regresas?- me preguntó en mi partida. -Seguro que ya estarán los cuartitos terminados para que te traigas a tus amigos-. Me deseó buen viaje, me dio un abrazo y un beso en la mejilla. La dureza que los años tejieron en su cuerpo y su corazón reflejado en una cálida mirada; no se desprendieron en ningún momento durante nuestra conversación. Movimos las manos mientras la pirata me alejaba del lugar. En mi cabeza repasaba la frase que me decía a cada rato Santo en un momento de silencio –ah que chiquilla ésta-.
Sonreí todo el camino.

Karenina y Don Santo

Llegué a la entrada de Nanciyaga y el camping La Jungla. Caminé lo justo para llegar cansadísima a montar mi casa, limpiarme el sudor, tirarme al pasto y recobrar la energía. Ese día, Catemaco se me hizo presente. La lluvia, las aves, el turismo y los que se decían sabedores de la magia se cruzaron en mi camino. Todo cayó como la noche.

domingo, julio 05, 2009

Día de elecciones en México

Foto: Cecilia Caloca (gracias nena, sin tus manos no lo logro)

Enseñé mi credencial y anulé mi voto. Con la mañana de domingo medio nublada y soleada, disfruté más salir de casa. Fui a votar junto con mis padres. Tuvimos una previa charla sobre las formas de participar y estuvimos de acuerdo, sin un común debate entre ideologías políticas; de anular el voto. Ninguna de las 8 opciones nos llenan, no nos satisfacen por el pasado ni nos motivan para un futuro. El presente esta desajustado.

Sabemos que anular no es la única forma de participar en esta democracia. Exigir, denunciar, educar, participar, cooperar, discrepar y resistir; son verbos que inspiran. El grito social “para políticos nulos, votos nulos” ha subido a altos porcentajes de las votaciones, con una propuesta más allá de la protesta, cocinándose. Entre las iniciativas se señalan: Disminuir de 500 a 300 los diputados, eliminar plurinominales, reducción del financiamiento a partidos, candidaturas independientes, revocación del mandato, referéndum.

Foto: Patricia Karenina

El periodista y analista político, Rubén Martin jugueteando con los tiempos, calculó que si un ciudadano sólo participa en las elecciones; su acción es de .0019% en la vida “democrática” del país.

¿Con eso basta?

A muchos habitantes mexicanos, ni siquiera les interesa tomar o cuestionarse qué hacer con esta pequeña forma de participar. Pero para las voces ciudadanas que se han posicionado en el espacio público, con otras propuestas, con otras quejas y alternativas; señalan que no es suficiente.

Llegué a mi casa. Escuché la radio por dos horas. La cobertura especial del día electoral era el programa permanente. Saber los conflictos en algunos distritos daba un panorama que algo sucedía en los espacios donde ejercí la participación política más diminuta que había experimentado. Un par de minutos y tu voz se vuelve a silenciar.

Foto: Patricia Karenina

Por la tarde, Salí a pedalear. Al tiempo que cerré la puerta, vi a mi vecina abrir la puerta de su casa. Buenas tardes –saludé y le pregunté- ¿llega de votar?
-no- respondió con desgano –no voy a ir-
-se abstiene. Ah esta bien, ¿su razón es porque no cree en el sistema?
O ¿por qué es?- pregunté curiosa.
-No les creo. No iré porque no me gusta ninguno- señaló.
-¿conoce la opción del voto nulo?-

Su rostro de interrogación me hizo acercarme a explicarle. Después de un par de preguntas de su parte para confirmar lo que escuchaba, me dijo que iría a anular su voto. Mi duda crece –hasta que la vea- si realmente fue a hacerlo. Dudo que dos minutos de charla convenza a salir de casa, formarse, buscarse en la lista, rayar un papel y dejar que le pinten su dedo pulgar; s uno tenía visualizado quedarse en casa después de haber estado en la calle.

Foto: Patricia Karenina

Hay mucha renuencia, indiferencia y hasta arrogancia hacia los que “no hacen bien su trabajo” pero que ni siquiera hay conocimiento de qué se trata su trabajo. Aquí en la democracia la obligación es de las dos partes. Alicia González, maestra de licenciatura de la Universidad de Guadalajara, menciona que la responsabilidad del gobierno en generar interés de participar en la ciudadanía, no es el único faltante ya que al ciudadano también les hace falta informarse. “Algo tenemos claro. El país no tiene futuro sin nosotros” exclamó esta maestra de historia, quien también anuló su voto.

Llegué a las 4:10 al Parque Revolución en el centro de Guadalajara. Desde días previos fui invitada por internet y móvil, a charlar con más personas que también anularon su voto. Fidel, el candidato de la perrada fue el primero en caminar por las rojas banquetas. Entre camarógrafos y su dueño, babeaba y observaba cualquier movimiento a su alrededor.

Foto: Patricia Karenina


Bicicletas, paseantes, niños, danzantes, parejas por aquellos jardines y asfalto. La tarde de domingo se diferenció a uno ordinario por los carteles recargados en árboles sobre el voto nulo, por la lona para la comida de los capacitadores de la oficina del IFE frente al parque rojo, y por el WV del voto nulo con su rola de moda a todo volumen.

“Si detrás de cada presa estás tú
Si en cada agandalle estas tú
Como te voy a votar
Mi voto voy a anular”

Comenzaron a arribar más ciudadanos. Entre la timidez, la curiosidad y el desconocimiento de los otros asistentes; poco a poco, nos acercamos alrededor de cincuenta, al centro del parque. “yo crucé el voto de lado a lado” nos platicó María Gracia, habitante del distrito trece. Sentados en una banca al estilo Luis Barragán, algunos que nos encontramos en aquel sitio escuchamos las opiniones de quien tomaba el inexistente micrófono.

Foto: Patricia Karenina

El dedo anular también estaba manchado. Representa más que el pulgar, la decisión ciudadana. Algunos portaban con orgullo dicha insignia. Diversas personas se acercaban, preguntaban y mientras llegaban más, algunos otros se alejaban disfrutando el atardecer de domingo. Las charlas, el picnic, el sahumerio de copal y las lonas informativas y alusivas; continuaron por más tiempo que yo. Regresé a casa alrededor de las siete y media.

Escuché por radio que las casillas cerraban en todo el país. Campeche, Nuevo León, norte de Jalisco. Estudios estratégicos para el desarrollo de la Universidad de Guadalajara, arroja porcentajes de sus encuestas aplicadas en Guadalajara y Zapopan. El Partido Revolucionario Institucional [PRI] está arriba por 6% o 4% del PAN. El PREP comienza a contar. En Guadalajara, El Partido Acción Nacional está por debajo de un 48% del PRI. El Verde ecologista [PVEM] tiene un 6.39 % mientras que el voto nulo grita en un 5.28% Después le sigue el voto nulo. Son las 10:30 PM de este domingo de elecciones.

Foto: "el voto es libre y secreto" señala quen tomó esta foto. :)


Dos datillos:
12 mil millones de pesos, nos costó el proceso electoral
Existieron 23 millones de promocionales de los partidos políticos

viernes, junio 19, 2009

Fin de semana ciudadano. Parte II

¿Te sientes representado por los partidos políticos? ¿Piensas que vivimos en democracia?

Foto: Patricia Karenina

Desde temprano, tomé una hoja y escribí. “En esta ciudad, no sabemos alimentarnos de nuestro propio campo. No nos dicen que lo que comemos hace daño y que no es la mejor calidad que tiene México”. El agravio es a los consumidores que no sabemos que contiene el empaquetado, y a los campesinos que trabajan sanamente la tierra pero sin muchas alternativas para vender sus cosechas. Necesitamos identificar qué producto es transgénico o no, consumir con un sistema a granel, invertir en nuestra alimentación con calidad en vez de exportarla e importar basura, que algunos ofenden al llamar alimento. En México, se explota el trabajo de los campesinos y nos alimentamos de lo que otros en el mundo no quieren.

Pero ¿para qué escribí uno de tantos, tantísimos agravios que tengo en mi memoria? Para colgarlo en un arbolito del parque Revolución, donde ciudadanos a favor del voto nulo, convocaron a expresarnos el pasado domingo. Por la democracia, por la representatividad en los partidos políticos, por una mejor ciudad, por más personas felices. Todo tipo de deseos se colgaron en uno, dos y hasta tres arbolitos.

Foto: Patricia Karenina

Eran tiempos de Vía Recre-activa, el parque lineal de la ciudad. El reglamento señala que cualquier parque contiguo a las calles y avenidas, son parte de la Vía. Una actividad que tiene prohibida su aparición en este evento dominical, son las manifestaciones políticas. ¿Qué pensar ante esto?

Mi opinión…

El parque está lleno de actividades. Ajedrez gigante, porterías, hula-hula, mesitas de pintura. Una actividad más, se unió a dicha integración familiar tapatía. Darle significado a nuestra ciudad, preguntaros si es en verdad lo que queremos, y si no, por qué y qué se puede hacer; son pensamientos que generan una semilla de conciencia. Por eso, este tipo de actividades también deberían ser comunes en nuestro parque lineal. Formación ciudadana, educación vial, democracia participativa. Ahora, que si el proceso fuera continuo como las telenovelas; tendríamos otra ciudad… otra perspectiva… otras exigencias.

Foto: Patricia Karenina

Sin tomar los ejemplos de candidatos de partidos políticos, de manifestaciones de niveles socioeconómicos altos y bajos, de cantos religiosos o de eventos sin agenda; los tapatíos que quieren ampliar su grito, lo han expresado en el domingo de Vía Recre-activa.

Que es un espacio reglamentado; si. Que exista alguien que nunca lo ha violado; no creo… o al menos, lo dudo.

De entre los visitantes al “área” de los agravios, vi a unas niñas que escribían en un papel rectangular. La más alta tomó los dos papelitos y los amarró a una rama. Parar la contaminación y que los políticos cumplan, fueron sus aportaciones.

Más de 30 pedazos de papel manifestaban los agravios, a una hora de iniciar la dinámica. El movimiento duró 240 minutos más.


El espacio inspiró a debates sobre el tema, a propuestas para otras acciones, al encuentro de amistades y desconocidos; a pasar un rato ciudadano agradable. Al día siguiente, el grupo Voto Nulo participó en un foro sobre las elecciones del 5 de julio: ¿votar, abstenerse o votar nulo? LEE LA NOTA AQUÍ

Después de aquel momento ciudadano, pedalee hacia el teatro Degollado. La Filarmónica de Jalisco y el Jazz fusionaron sus ritmos con solistas mexicanos y el piano de Enrique Nery.

Aún era medio día.

Foto: Patricia Karenina

jueves, junio 18, 2009

Fin de semana ciudadano. Parte I

Gritamos dos veces. El sábado por una vía ciclista y el domingo, con los agravios en la política. Los invitados, curiosos y organizados intercambiaron opiniones, sonrisas y debates; aun al ser desconocidos se percibían cercanos por el malestar habitual, por lo que a todos nos saca una mueca.

Foto: Karenina Casarín

Eran las 5 de la tarde del sábado. El sol veraniego se cargaba en los hombros de los ciclistas, en el dolor de cabeza en automovilistas y en gotas de sudor de los peatones. La marcha por la diversidad sexual cruzó por Avenida Vallarta. Con colores y cantos de libertad los topé entre Robles Gil y Vallarta. “A quien le importa lo que yo haga” cantaban desde un carro alegórico alrededor de 20 cuerpos afeminados. ¡Eso es libertad! Les grité, mientras pedaleaba más aprisa.

Tenía ganas de quedarme a ver, pero tenía una misión: comprar pintura blanca y encontrarme con mis compañeros en la Plaza de la República. Sobre Avenida México se encuentra este gran camellón. Bajo los frondosos árboles ya más de cincuenta ciclistas se acercaban a Yeriel, miembro de GDLenBici y Bici10.

Después de un cordial saludo, explicó el contexto de la acción. La decisión de la Secretaría de Vialidad de no identificar el paso ciclista por Chapultepec, en un carril compartido con autobuses; aun no era definitiva. “Ayer hablamos con ellos [vialidad] y comentaron que si el Ayuntamiento hace la reglamentación, el carril si existirá”.

Eran las 5:20. Alrededor de diez reporteros platicaron con los “organizadores”, o al menos con los que ellos creían que lo eran. Tomaron fotos, saludaron. Vi caras nuevas entre los ciclistas. Alguno convocados por amigos, otros por páginas Web, unos más por los paseos nocturnos.

Los habitantes en dos ruedas, comenzamos la pinta.

Justo Sierra fue el primer crucero para pintar. El chico de la escoba, la de la pintura, el de la cinta amarilla, el de la cámara, la de la brocha, el que para el tráfico, la que lo dirige. Uno que otro mirón encimo de la baika o sentado en una banca. La esquina se llenó de peatones curiosos. Algunos ciclistas observaban, no decían nada.

Foto: Karenina Casarín

Cruce con Avenida Vallarta. Parar el tráfico, desviarlo, saludar al compadre en el coche contiguo. Don Mai, como le conocen, es un mecánico de autos. Su gusto por la pedaleada la expresa en tres paseos nocturnos a la semana, uno dominical y asistiendo a este tipo de intervenciones. Al salir de su chamba con todo y ropa de trabajo, se une al movimiento ciclista. A su movimiento.

No mucha pintura, porque no se seca; se escuchó detrás de mí. “no importa, hace mucho calor” dijeron a un lado. “Mejor poca para que quede lindo” comentó una pintora sobre el stencil.

El paseo ciclista paró en Mexicaltzingo de nuevo. Barridita, stencilillo, pinturilla. Algunos atrás cuchicheaban. Asomaban sus cabezas a la acción frente a ellos, pero no soltaban sus bicis. En un auto, dos chicas platicaban y volteaban a vernos. Me acerco sonriente. “Estamos pintando unas bicis para que sepan que será carril compartido. Ya saquen sus bicis he” las dos ríen y afirman que precisamente hablaban de eso. “nos gusta mucho pero aun nos da temor por los autos” señalaron. La charla duró lo que la pintada y el semáforo. Después de invitarlas a exigir más espacios de bicis, regrese a mi transporte y continuamos la ruta. Vuelta en U y pintamos en las mismas calles. Ahora en sentido este-oeste.

Foto: Karenina Casarín

En la recta por Chapu, mas ciclistas tomaron la brocha y dejaron su huella. “¿Quién no ha pintado? ¿A quién le hace falta plasmar su participación en este stencil?” grité de un lado a otro del convoy. Dudosos y animados me observaban y a ellos más les expresaba. Al final del camino, todos pintaron con blanco su necesidad de vías ciclistas.

“Esto es una pintada simbólica. La chamba de Validad es señalar cada calle y nosotros sólo manifestamos que estamos aquí. Y que seguiremos” aseguró Yeriel.

Foto: Karenina Casarín

Después de una foto en la Plaza de la República, la tarde del sábado comenzó a caer.